Todos conocemos a alguien que se lesionó en los primeros 5 minutos del partido. El clásico "llegué tarde, entré de una y se me rompió algo". La realidad es que calentar no es opcional — es lo que separa a los que juegan toda la temporada de los que miran desde afuera con la pierna vendada.
Esta rutina lleva 10 minutos. Sí, es poco. Pero esos 10 minutos hacen una diferencia enorme.
Nada loco. Trotá alrededor de la cancha o en el lugar a un ritmo tranquilo. El objetivo es que te suba un poco la temperatura corporal y que los músculos empiecen a trabajar. No corras, no piques. Trotá.
Hacé círculos con cada articulación para activarlas. No hace falta que sea complicado:
Ojo: dinámicos, no estáticos. Los estiramientos estáticos (quedarte quieto estirando 30 segundos) son para después del partido, no antes. Antes de jugar hacé movimientos:
Un par de piques cortos (5-10 metros), cambios de dirección, algún salto. La idea es que tu cuerpo ya sepa que viene algo intenso. Si estás en la cancha, podés meter unos pases con la pelota mientras te activás.
Ahí sí: estiramientos estáticos de 20-30 segundos por grupo muscular. Isquiotibiales, cuádriceps, gemelos, aductores. Te van a doler mucho menos al día siguiente.
Cuidar el cuerpo es parte de jugar. Si querés seguir jugando todas las semanas, estos 10 minutos son la mejor inversión que podés hacer.
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